En una entrevista con el programa CBS Sunday Morning, transmitida en febrero de 2026, Don Henley, de 78 años, pronunció las palabras que los fanáticos del rock clásico llevaban tiempo temiendo escuchar. "Creo que este año será probablemente el final", dijo el cantante y baterista, el único miembro original que aún permanece en la banda. Sus palabras no sonaron a estrategia de marketing ni a provocación; sonaron a verdad meditada, a un hombre en paz con su destino y con el de su obra.
La gira de despedida, bautizada The Long Goodbye, comenzó oficialmente en septiembre de 2023 y ha tenido como escenario central una prolongada residencia en el Sphere de Las Vegas, el revolucionario recinto que ha transformado la experiencia del concierto en algo cercano a la inmersión cinematográfica. Con 56 funciones en dicho venue, los Eagles han superado a U2, Phish y Dead & Company como la agrupación con la residencia más extensa en esa sala. Los últimos shows en el Sphere están programados para concluir en marzo de 2026, con una única presentación adicional confirmada: el Festival de Jazz y Patrimonio de Nueva Orleans el 2 de mayo.
Henley explicó sus razones con una honestidad desarmante. Después de décadas recorriendo aeropuertos, habitaciones de hotel y escenarios en todo el mundo, el músico expresó su deseo de pasar más tiempo con su familia, cultivar su jardín y viajar de otra manera. "Recorremos el mundo, pero no lo vemos realmente", reflexionó, reconociendo que la vida en gira, por más gloriosa que haya sido, tiene sus propias privaciones. Su decisión no nace del agotamiento ni del conflicto, sino de una madurez que distingue entre lo que fue y lo que aún puede ser.
El legado de los Eagles es, en cualquier medida, inconmensurable. Formados en 1971 cuando Henley y Glenn Frey se conocieron tocando juntos como músicos de apoyo de Linda Ronstadt, la banda alcanzó cimas que pocas agrupaciones en la historia del rock han logrado. Han vendido más de 200 millones de discos en todo el mundo, ganado seis premios Grammy y fueron consagrados en el Salón de la Fama del Rock and Roll en 1998. Su álbum Their Greatest Hits (1971-1975), publicado en 1976, acaba de convertirse en el primer disco de la historia en obtener la certificación de cuádruple diamante en los Estados Unidos, con 40 millones de copias vendidas en ese país.
El repertorio de los Eagles atraviesa generaciones con una naturalidad que pocos artistas han logrado. Canciones como Hotel California, Desperado y Take It Easy siguen resonando con la misma vigencia que cuando fueron concebidas, y los conciertos en el Sphere han enriquecido esa experiencia con visuales inmersivos que amplifican cada nota. Quienes tuvieron la oportunidad de asistir a esas veladas describen algo que trasciende el espectáculo convencional: una comunión entre música, imagen y memoria colectiva que difícilmente volverá a repetirse.
En el mundo del rock clásico, los adioses nunca son simples ni definitivos. Los Eagles lo saben mejor que nadie: se separaron en 1980 y volvieron en 1994 bajo el irónico lema Hell Freezes Over. Pero algo en el tono de Henley esta vez sugiere que la historia llega a su conclusión natural. La banda ha decidido cerrar su capítulo de manera deliberada, sin escándalos ni colapsos, con la dignidad que corresponde a quien ha dado tanto. Para los oyentes de esta generación que los acompañaron desde los primeros acordes, queda la música, que no envejece.

